Gastón Irigoyen

Gastón Irigoyen fundó Pomelo en 2021 junto con Hernán Corral y Juan Fantoni para desarrollar tecnología de tarjetas y pagos.
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Gastón Irigoyen se enteró de que Google buscaba empleados en la Argentina cuando le dieron una hoja a la salida de clase. Estudiaba Relaciones Internacionales y hasta entonces había buscado trabajo en consultoras y empresas de consumo masivo. En el papel, que repartían en la universidad, figuraba una dirección de correo para postularse. Mandó su solicitud y quedó.

Según cuenta, fue el quinto empleado de Google en América Latina, cuando la compañía empezaba a instalarse en la región. Más tarde trabajó en YouTube, fundó una empresa, se sumó a una plataforma de reservas para restaurantes y terminó entrando en el negocio financiero.

Hoy es cofundador y CEO de Pomelo, una compañía argentina que desarrolla tecnología para que bancos, billeteras y otras empresas puedan ofrecer tarjetas y procesar pagos. La fundó en 2021 junto a Hernán Corral y Juan Fantoni, después de que los tres encontraran un problema parecido desde distintos lugares: poner en marcha un producto financiero en América Latina podía llevar mucho tiempo y obligaba a repetir el trabajo en cada país.

Pomelo levantó 160 millones de dólares en cuatro rondas de inversión. La más reciente fue una Serie C de 55 millones, liderada en conjunto por Kaszek e Insight Partners. La empresa tiene unas 300 personas, opera en ocho países y trabaja con más de 150 clientes corporativos, entre ellos BBVA, Santander, Bancolombia, Rappi y Western Union.

Una búsqueda de trabajo que terminó en Google

Cuando terminó Relaciones Internacionales en la Universidad de San Andrés, Irigoyen no tenía una carrera en tecnología entre sus planes. Buscaba oportunidades en consultoras y empresas de consumo masivo. Llegaba a las etapas finales de las entrevistas, pero no conseguía el puesto.

En ese momento apareció la convocatoria de Google. La compañía había salido a bolsa hacía alrededor de un año y medio y estaba empezando a construir su operación latinoamericana. Irigoyen envió su postulación siguiendo las instrucciones del folleto y fue seleccionado.

Se incorporó a Google a fines de 2006. Ese mismo mes, la compañía compró YouTube. En Buenos Aires, la oficina recién empezaba a atender a clientes de la región que hasta entonces recibían soporte desde España e Irlanda. Con los años, el equipo también empezó a ocuparse de tareas comerciales.

Más adelante se mudó a Dublín para trabajar en YouTube. Su trabajo lo llevaba a viajar por Europa en busca de personas que subían videos a la plataforma. Muchas todavía estaban formando su público y empezaban a descubrir que podían ganar plata con lo que hacían.

Irigoyen las ayudaba a profesionalizar su trabajo y a acceder a una parte de los ingresos por publicidad. YouTube también tenía espacios de grabación en ciudades como Londres, Hollywood y Tokio, que los creadores podían utilizar.

La decisión de emprender

A los 27 años, Irigoyen dejó Google, donde había trabajado durante seis, para fundar Guidecentral. La plataforma, dedicada a contenidos para celulares, nació en Irlanda. Con ella se mudó a Nueva York y, cuatro años después, vendió la empresa en California.

Cuando volvió a la Argentina, se sumó al equipo directivo de Restorando, una plataforma para reservar mesas en restaurantes. En 2019, TripAdvisor compró la compañía.

Ese año comenzó a trabajar en otro proyecto, esta vez con respaldo del Grupo Galicia: crear un banco digital desde cero. La nueva empresa funcionaría por separado del banco y de la operación tradicional de Naranja en Córdoba.

El proyecto nació con una inversión inicial de 50 millones de dólares y una licencia de compañía financiera del Banco Central. Con el tiempo se convirtió en Naranja X y también se expandió a México.

Para Irigoyen fue la entrada al mundo de la tecnología financiera. Allí conoció las dificultades de armar un sistema de pagos y lanzar productos en distintos mercados. Esa experiencia quedó presente cuando empezó a pensar en su siguiente empresa.

El problema que encontraron en los pagos

Antes de fundar Pomelo, Irigoyen y Corral trabajaron juntos en la creación de Naranja X. Corral, además, había pasado doce años en Mercado Pago. Fantoni venía de Mastercard, donde se había encontrado con problemas parecidos.

Los tres coincidían en que lanzar una tarjeta podía llevar entre un año y un año y medio. Detrás había desarrollos complejos, sistemas antiguos y requisitos que cambiaban de un país a otro. Si una empresa quería expandirse, muchas veces debía volver a empezar.

Antes de fundar Pomelo, pasaron tres meses conversando con gente del sector financiero: banqueros, ejecutivos y consultores. Querían entender si otros tenían las mismas dificultades que habían encontrado ellos. Después de esas conversaciones, armaron la empresa y empezaron a buscar inversores.

La empresa comenzó a operar en 2021. La idea era que un banco, una billetera o una fintech pudiera ofrecer servicios de pago sin tener que desarrollar toda la tecnología necesaria por su cuenta. Para eso crearon la plataforma de Pomelo.

Al elegir el nombre, buscaron que fuera corto, que se pudiera pronunciar en español, portugués e inglés y que sonara distinto a los nombres habituales del sector financiero.

Qué hace Pomelo

Cuando alguien paga con una tarjeta, el dinero no pasa directamente de su cuenta al comercio. Antes, hay sistemas que identifican la cuenta, verifican la operación y comunican a las empresas involucradas. Pomelo trabaja en esa parte del proceso, que ocurre detrás de cada pago.

Las empresas que trabajan con Pomelo usan su plataforma para lanzar tarjetas y ofrecerlas en distintos países. Irigoyen cuenta que, en una ocasión, lograron poner una tarjeta en el mercado en cinco días. En otra, un cliente empezó a operar en un segundo país después de dos semanas.

La compañía procesa distintos tipos de tarjetas: algunas están vinculadas a criptoactivos, remesas o gastos corporativos. Otras las usan repartidores para pagar las compras que entregan o camioneros para cargar combustible durante sus viajes.

Pomelo también anunció un producto global con el que busca competir en 150 países. Según Irigoyen, los ingresos de la compañía crecieron más de 250 % en los últimos dos años.

En 2024 fue distinguido como innovador global por el Foro Económico Mundial y participó en Davos. Ese año también recibió de Endeavor el premio a emprendedor del año. Él prefiere mirar esos reconocimientos como parte de un recorrido más largo, que incluye decisiones acertadas, errores y mucho tiempo de trabajo.

Lo que cuesta procesar un pago

Cuando explica cómo se sostiene el negocio, Irigoyen usa un ejemplo: de cada 100 pesos que paga un consumidor, el comercio recibe alrededor de 97. Los tres pesos restantes se distribuyen, a grandes rasgos, entre distintos participantes, como la marca de la tarjeta, el emisor y quienes procesan la operación.

Esa distribución depende de las condiciones de cada transacción. Irigoyen señala que los pagos internacionales pueden tener costos considerablemente mayores que los domésticos. También intervienen empresas como Apple y Google cuando el pago se realiza desde sus dispositivos.

Para él, el negocio seguirá cambiando a medida que las tarjetas se usen en nuevos entornos. Primero pasaron del plástico al teléfono o al reloj. Ahora observa el desarrollo de agentes de inteligencia artificial que podrían hacer compras y pagos por cuenta de una persona, siguiendo las condiciones que esta les indique.

Para Irigoyen, cada vez es más difícil marcar una línea entre un banco y una fintech. Los bancos suman tecnología y las empresas digitales ofrecen más servicios financieros. Lo que cambia, según él, es el lugar que ocupa la tecnología en cada compañía.

En Pomelo ya usan inteligencia artificial para distintas tareas. Irigoyen cuenta que las personas del equipo trabajan junto con agentes de IA para resolverlas.

El talento que busca

Irigoyen cree que las empresas van a necesitar ingenieros, matemáticos y científicos, pero también personas que sepan escuchar, trabajar en equipo y conducir a otros. A medida que cambien las tareas, dice, harán falta tanto los conocimientos técnicos como la capacidad de relacionarse.

También piensa que la inteligencia artificial puede cambiar el peso que tiene la experiencia a la hora de conseguir o mantener un puesto. Al mismo tiempo, ve oportunidades para quienes recién empiezan.

Entre las cualidades que más menciona está la capacidad de llevar una idea a la práctica: aprender lo que hace falta, utilizar los recursos disponibles y adaptarse cuando cambian las condiciones.

A quienes quieren emprender, Irigoyen les recomienda buscar un problema concreto y aprender mientras intentan resolverlo. En el camino, dice, los errores van a aparecer. Lo que importa es darse cuenta a tiempo y corregirlos.

Con Pomelo tiene un proyecto para muchos años. Quiere que la compañía crezca, genere empleo y desarrolle servicios financieros en América Latina. Sabe que eso lleva tiempo y que es un camino distinto al de construir una empresa para venderla en cuanto aparezca una oportunidad.

Sergio Faifman

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