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J. K. Rowling

28 febrero, 2019

La escritora británica Joanne Kathleen Rowling se hizo célebre con su serie de novelas dedicadas a las aventuras de Harry Potter, uno de los mayores fenómenos literarios de la historia. Las peripecias de un niño huérfano con poderes mágicos capaz de evadirse a voluntad a un mundo de fantasía consiguieron batir todos los récords de ventas en la literatura del género, aunque muchos críticos se mostraron reacios a encasillar los libros de Rowling como cuentos para niños, como ocurriera con el famoso Tom Sawyer de Mark Twain.
Joanne Kathleen Rowling nació el 31 de julio de 1965 en la pequeña localidad británica de ChippingSodbury, cerca de Bristol, en el suroeste de la isla. Debido al trabajo de su padre, Peter, ingeniero de la compañía Rolls-Royce casado con Anne, una escocesa con raíces francesas, su familia tuvo que cambiar de residencia en varias ocasiones durante la infancia de las pequeñas Jo y Di, cariñosos apelativos familiares de la futura novelista y su hermana menor, Dianne.
Tras una breve estancia en Yate, se mudaron a Winterbourne, siempre sin alejarse de los suburbios de Bristol, entorno en el que se forjaron los primeros recuerdos de la imaginativa niña, que pasaba horas compartiendo sueños y fantasías con su hermana. Lectora y escritora precoz, entusiasta aficionada a devorar novelas para adultos, a los seis años ideó un conejo que tuvo el honor de ser su primer héroe en un cuento que tituló Rabbit.
Una vez graduada en Wyedean, Joanne K. Rowling se matriculó en la Universidad de Exeter, donde, siguiendo el consejo paterno, estudió francés con el propósito de encontrar después un buen trabajo como secretaria bilingüe. Con los títulos de lengua y literatura francesas todavía relucientes, se trasladó a la sede de Amnistía Internacional en Londres para realizar un trabajo de investigación sobre las violaciones a los derechos humanos en el África francófona.
En Lisboa disfrutó enseñando su lengua materna a alumnos portugueses y tuvo bastante tiempo para escribir, su verdadera vocación. Allí conoció y se enamoró de Jorge Arantes, un periodista de la televisión portuguesa con el que contrajo matrimonio en octubre de 1992 y con quien, un año más tarde, tuvo una hija a la que llamó Jessica «en honor a una brigadista británica que había luchado en la guerra civil española», según afirmó en una entrevista. Pese al feliz acontecimiento, el matrimonio no prosperó y pronto acabó en divorcio.
Recorrió sin éxito con la copia mecanografiada por ella misma editoriales del prestigio de Penguin y Harper Collins, hasta que en 1997 consiguió por fin que la prestigiosa firma británica Bloomsbury publicara el libro. Pocos meses después, ScholasticPress compró los derechos de la novela para Estados Unidos, por una suma superior a los 14,5 millones de pesetas, una cifra muy importante para un libro infantil. Rowling empezó a ser popular en su propio país, y durante los primeros meses se vio ampliamente superada por la situación, sin poder escribir ni una sola línea.
La publicación de su primer libro -firmado con las iniciales J. K. por consejo de los editores, recelosos de que los niños no quisieran leer un libro sobre un chico escrito por una mujer- supuso un giro mágico en su vida. La realidad del extraordinario éxito superó ampliamente todas las expectativas de las editoriales británica y estadounidense que lo habían publicado. Las posteriores ediciones de los siguientes libros de la serie (Harry Potter y la cámara secreta y El prisionero de Azkabán) reafirmaron el éxito inicial y dieron lugar a un fenómeno literario, al que la prensa denominó «pottermanía».
Condecorada con el título de Oficial del Imperio Británico y convertida en la persona que ocupa el tercer lugar por volumen de ganancias en su país, según un listado de la prestigiosa revista Forbes, Joanne trató de mantener contra viento y marea su discreto estilo de vida. Todas las mañanas siguió llevando a su hija al colegio siempre que las giras promocionales de sus novelas se lo permitían, y procuró escribir los restantes libros de Harry Potter en otros cafés de Edimburgo, lejos del acoso de los periodistas.