Manuel Beaudroit

Manuel Beaudroit: de los primeros bitcoins a la creación de Belo.
Share

Manuel Beaudroit compró sus primeros bitcoins a 80 dólares y los vendió un mes después, cuando cotizaban a 1.000. Con esa plata pagó la reforma de su casa. En ese momento parecía un negocio difícil de mejorar. Con los años, y viendo lo que pasó con el precio, empezó a contarlo como el peor de su vida.

Hoy dirige Belo, la empresa de servicios financieros con criptomonedas que fundó en 2020. Según la compañía, tiene 3,4 millones de usuarios en 11 países de Latinoamérica, con edades que van de los 13 a los 80 años.

Belo acaba de cerrar una ronda Serie A de 14 millones de dólares liderada por Tether, la creadora de USDT, una criptomoneda cuyo valor busca mantenerse a la par del dólar. El financiamiento llegó después de tres años sin conseguir nuevos aportes de capital. Durante ese período, la empresa tuvo que sostenerse con sus propios ingresos y, según Beaudroit, lleva tres años siendo rentable.

Cuando explica hasta dónde quiere llegar, suele plantearlo así: cómo ser JPMorgan sin tener que ser JPMorgan.

El pendrive de Boca y un cepo en Chile

Beaudroit tiene 44 años y creció en una familia acostumbrada a emprender. Sus antepasados llegaron de Francia en 1890 y se instalaron en La Choza, cerca de Luján. La familia sigue vinculada al campo: su hermano, ingeniero agrónomo, produce desde 2017 los yogures que llevan el apellido Beaudroit.

Su padre tuvo una pyme. Manuel conoció de cerca las dificultades de llevarla adelante, incluidos los cheques rechazados. Estudió Biología durante tres años y después cursó toda la carrera de Tecnología Multimedial, aunque no rindió los finales.

A los 25 empezó a vender pendrives personalizados que mandaba a fabricar en China. Uno de los modelos era un jugador de Boca al que había que sacarle el short para conectarlo. Salía a ofrecerlos con una valija y aprendió que vender requería pensar también en el envase, la presentación, la promoción y el lugar donde se exhibía el producto.

La empresa duró hasta que llegó un pedido de 10.000 dólares. La oportunidad los asustó: no se animaron a asumirla y terminaron cerrando.

Después trabajó cinco años en Accenture. Entró como project manager y terminó liderando la operación para Latinoamérica, Iberia y parte de Norteamérica. Al mismo tiempo, desarrollaba con sus socios Gluon, una plataforma para prestar objetos.

En 2012, uno de ellos volvió de Singapur y les habló de Bitcoin. Beaudroit reconoce que entonces sabía poco de finanzas, pero pasó una semana investigando y quedó fascinado.

Un año después encontró una utilidad concreta. Había viajado a Chile para asistir al Lollapalooza y descubrió que las restricciones cambiarias le impedían usar su tarjeta de débito argentina en el exterior. Cuenta que ahí entendió qué podía resolver Bitcoin.

Del marketplace con escrow a Basilea

Los socios dejaron Gluon y armaron una plataforma para conectar compradores y vendedores de bitcoins. Incluyeron un sistema de reputación y un mecanismo de custodia, conocido como escrow, que retenía los fondos hasta que se cumplían las condiciones de la operación.

En esa época, comprar bitcoins podía implicar contactar a alguien por Facebook y encontrarse en un café de Palermo. Ofrecer un procedimiento más organizado era un cambio importante.

Luego empezaron a operar como intermediarios, con un precio publicado en pantalla. Los pagos pasaban por las cajas de ahorro de los fundadores, hasta que el banco les pidió explicaciones y cerró las cuentas. Era 2013.

Con capital de inversores del mercado tradicional, en mayo de 2014 lanzaron Bitex. Según Beaudroit, la plataforma llegó a procesar el 15% del volumen global de Bitcoin.

También comenzaron a utilizar la criptomoneda para pagos internacionales. Conectaron un banco a esa red para realizar transferencias al exterior y participaron en una operación de exportación entre Argentina y Paraguay pagada con Bitcoin, que presentan como la primera de su tipo entre ambos países.

Ese trabajo lo llevó al Banco de Pagos Internacionales, en Basilea, conocido como el banco de los bancos centrales. Allí explicó ante representantes de 40 bancos centrales cómo utilizaban Bitcoin para mover dinero entre países.

Recuerda una diferencia en las posiciones de los asistentes: los reguladores asiáticos se mostraban más dispuestos a permitir que la tecnología creciera, mientras que los latinoamericanos ponían el foco en los riesgos para el sistema financiero.

A fines de 2019 vendió su participación a sus socios y dejó Bitex, que más tarde fue adquirida por Huobi. Sentía que el producto estaba pensado para un grupo reducido de operadores. Su madre, decía, nunca iba a empezar a usar Bitcoin a través de una plataforma de trading. Quería desarrollar algo más sencillo, que sirviera para ahorrar y pagar gastos cotidianos.

Casi fundirse por crecer

Belo nació en 2020, durante la pandemia. Beaudroit reunió 420.000 dólares de amigos y conocidos para empezar y lanzó el producto en septiembre de 2021, con un equipo de seis o siete personas.

En 2022 consiguió otros 3,8 millones de dólares. Por entonces, la Reserva Federal iniciaba una suba de tasas que llevaría el costo del dinero desde niveles cercanos a cero hasta alrededor del 5%. Conseguir financiamiento se volvió mucho más difícil para las startups. Beaudroit decidió administrar Belo como si no fuera a recibir otra inversión.

Pero el problema más urgente vino de una promoción que funcionó demasiado bien. Mientras otras billeteras ofrecían reintegros fijos del 2%, Belo sorteaba devoluciones en criptomonedas de entre el 2% y el 21%.

La cantidad de usuarios creció rápidamente. También lo hicieron los gastos: captar cada cliente costaba más de lo que esperaban obtener de él, y la operación de las tarjetas exigía adelantar dinero que la empresa no tenía. Llegaron a quedarse con caja para apenas tres meses.

Retiraron la promoción y ajustaron los gastos. Seis meses después, según Beaudroit, Belo ya era rentable. Para explicar lo que aprendió usa una comparación: una startup puede acelerar como una Ferrari, pero antes hay que saber si tiene frenos de Ferrari o de Fitito.

Desde entonces, afirma, la compañía genera caja todos los meses y duplica o triplica su tamaño cada año. El equipo pasó de unas 35 personas hace un año a casi 100. También cuenta que trabajan durante los feriados: considera que avanzar cuando otros descansan les da una ventaja.

Belo está comprando una empresa en México y busca ampliar su presencia en Latinoamérica. Más adelante, Beaudroit quiere llevar el negocio a Asia y África. La inversión de Tether llegó cuando la compañía ya podía sostenerse por su cuenta.

Su relación con el dinero aparece también cuando habla de su vida personal. «Ser el más rico del cementerio es una pelotudez. La guita hay que usarla», dice. Y cuando le preguntan por su mejor inversión, deja de lado aquellos bitcoins de 80 dólares: habla de su mujer y del apoyo que le dio para animarse a emprender.

Henrik Andersen

Prev
Todos los perfiles en  topceos.net
Todos los perfiles en  topceos.net
Todos los perfiles en  topceos.net
topceos.net
Todos los perfiles en topceos.net
Investigaciones y análisis — compartido con seriedad.