Ariel Szarfsztejn

Ariel Szarfsztejn, economista de la UBA y MBA de Stanford, repasa su trayectoria, la construcción de la red logística de Mercado Libre y su manera de trabajar como CEO global.
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Ariel Szarfsztejn volvió a la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA después de veinte años. Desde que se recibió, había regresado una sola vez para hacer un trámite. Ahora lo habían invitado a hablar con estudiantes y graduados. Su papá, su mamá y su mujer estaban sentados entre el público.

Le preguntaron qué sentía al estar otra vez ahí. Dijo que estaba emocionado, que la vuelta era “movilizante”. Cuando la conversación pasó a sus dudas personales, se rio y comentó que parecía una sesión con el psicólogo. Después respondió: nunca había sentido que no pudiera. Los problemas, aseguró, solían darle ganas de seguir.

Desde enero de 2026 dirige Mercado Libre. Reemplazó a Marcos Galperin, que había ocupado el cargo desde la fundación de la empresa, en 1999, y pasó a ser presidente ejecutivo. Szarfsztejn tenía 43 años cuando se anunció el cambio.

Es economista de la UBA y tiene un MBA de Stanford, aunque hace una aclaración sobre su título: nunca trabajó de economista.

Le dieron un equipo antes de que tuviera experiencia

Su primer empleo fue en recursos humanos del Citibank. Después entró a un laboratorio en convocatoria de acreedores. Como no había dinero para contratar a un ejecutivo con experiencia, le ofrecieron coordinar producción y logística. Quedó a cargo de entre veinte y treinta personas.

Ahí tuvo que aprender trabajando. Había estudiado, pero una empresa con problemas financieros, pedidos que cumplir y gente a su cargo le planteaba preguntas que no aparecían en los manuales.

Más tarde pasó por Boston Consulting Group. Cada pocos meses cambiaba de cliente y de industria: bancos, consumo masivo, proyectos con el gobierno de Chile. Dice que ese trabajo le enseñó a ordenar problemas complejos.

Después de Stanford quiso entrar en tecnología. En Despegar empezó a trabajar con desarrolladores y a entender cuánto había que hacer entre tener una idea y conseguir que funcionara.

A Mercado Libre llegó en 2017, convocado por Pedro Arnt, entonces director financiero. Entró para conducir estrategia, desarrollo corporativo y relaciones con inversores. Nueve meses después estaba al frente de logística.

De sesenta personas a una red propia

El cambio no estaba previsto. Mientras trabajaba en estrategia, Szarfsztejn empezó a ver que las entregas limitaban el crecimiento de Mercado Libre. Se involucró en el tema, ayudó a preparar un plan y terminó encargado de llevarlo adelante.

Hasta entonces, recuerda, los paquetes quedaban en manos de los servicios postales de cada país. Mercado Libre no tocaba las cajas. Para cambiar eso había que construir depósitos, organizar transportes, desarrollar sistemas y contratar gente.

En 2018, el equipo de Mercado Envíos tenía sesenta personas. En la charla, Szarfsztejn habló de unas setenta mil en la actualidad. Todavía considera aquella tarea el trabajo más difícil que le tocó hacer.

En 2023 pasó a presidir el negocio de comercio. Tres años después asumió como CEO global.

Cuando le preguntaron cómo maneja la presión de decidir sobre tanto dinero y tantas personas, contestó: “La receta más sana es la inconsciencia”.

Según explicó, detenerse a pensar en todas las consecuencias de cada decisión podría dejarlo paralizado. Mencionó unos ciento treinta mil empleados —admitió que no tenía la cifra exacta—, millones de vendedores y ciento veinte millones de personas que habían comprado en la plataforma durante el año anterior.

Lo que ve cuando alguien cobra con un QR

Al hablar de lo que le gusta de su trabajo, Szarfsztejn contó una escena de la calle: ver a alguien usando un QR de Mercado Pago para cobrar o juntar unos pesos. En esos momentos, dice, entiende para qué sirve lo que hacen.

También recordó el lanzamiento de los rendimientos sobre el saldo de la billetera, en 2018. Para él, lo importante fue facilitar una inversión que antes exigía abrir una cuenta, completar papeles y elegir un producto.

En su comparación, Argentina tenía entonces unas cuatrocientas mil cuentas comitentes. Hoy, afirma, veinte millones de personas reciben rendimientos sobre el saldo disponible en la aplicación.

Su cargo lo explica con una comparación futbolística. Siente que juega en el Real Madrid y que le toca ganar la Champions. Cuando le preguntan qué significa eso dentro de Mercado Libre, responde que es seguir mejorando la vida de quienes usan sus servicios.

Ocho horas probando con inteligencia artificial

Szarfsztejn llevó a la charla algunos datos sobre el uso de inteligencia artificial dentro de la empresa. Mercado Libre tiene, según contó, veinte mil desarrolladores. El último porcentaje que había visto indicaba que la IA generaba el 40 % de las nuevas líneas de código.

Volvió a consultarlo antes del encuentro. Le respondieron que habían dejado de medir ese porcentaje porque las herramientas ya estaban incorporadas al trabajo de todos los desarrolladores.

Él también las usa para probar ideas. Un fin de semana pasó ocho horas frente a la computadora intentando armar un programa que reuniera sus estudios médicos de los últimos quince años. Quería recuperar análisis de distintos centros, ordenar los resultados y ver su evolución. Incluso le pidió que elaborara un diagnóstico.

No sabe programar, aclara. Se puso a hacerlo porque le daba curiosidad.

A los estudiantes les recomendó aprender a trabajar con esas plataformas. Cree que esa capacidad va a influir en sus oportunidades profesionales y que conviene empezar ahora.

Preguntar hasta entender

De su trabajo como CEO, una de las cosas que más le preocupa es conservar la forma de trabajar de Mercado Libre mientras la compañía crece.

Habla de exigencia, colaboración y expectativas claras. También de la conducta de quienes dirigen: considera que lo que hacen pesa tanto como lo que piden.

Le gusta entrar en los detalles y pregunta seguido por qué se tomó una decisión o por qué algo funciona de determinada manera. Reconoce que al principio puede desconcertar a sus equipos. Dice que muchas de sus mejores ideas aparecen al escuchar esas respuestas.

Cuando le piden que se describa, elige tres rasgos: exigente, justo y humano.

No había planeado llegar ahí

Szarfsztejn dice que nunca eligió un puesto pensando en dónde quería estar diez años después. Tampoco cree que hubiera podido diseñar el recorrido que lo llevó a dirigir Mercado Libre.

Basta con mirar su entrada a la empresa: aceptó un trabajo en estrategia y terminó construyendo una operación logística de la que sabía poco.

Por eso, cuando aconseja a quienes empiezan, habla de decisiones concretas. Elegir algo que permita aprender, aceptar una oportunidad aunque no estuviera prevista y saber rechazar una propuesta cuando uno siente que no es para él.

A los estudiantes les dejó una frase que resume su manera de trabajar: quejarse menos y resolver más.

Manuel Beaudroit

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