Amazon va a invertir unos 220.000 millones de dólares en 2026, más que el PBI de muchos países, y su CEO asegura que ni siquiera así le alcanzará. Andy Jassy, fundador de Amazon Web Services y sucesor de Jeff Bezos desde 2021, sostiene que la demanda de inteligencia artificial supera la capacidad disponible de toda la industria. Y hace una proyección que pocos se animan a formular en voz alta: que la nube de Amazon podría convertirse, con el tiempo, en un negocio de un billón de dólares de ingresos anuales.
Una apuesta que se mide en décadas
La cifra de inversión creció respecto de los 200.000 millones que Amazon estimaba antes, empujada por el aumento del precio de la memoria. Según Jassy, la capacidad no alcanzará este año ni el próximo, y la demanda ya comprometida para 2028 es llamativa. Durante mucho tiempo, la compañía creyó que AWS podía llegar a unos cientos de miles de millones de dólares en ingresos. Hoy cree que será al menos el doble.
Su defensa del gasto es contable. Un centro de datos tiene una vida útil de treinta años o más y puede albergar cinco o seis generaciones de servidores. Las generaciones posteriores a la primera tienen mejor rentabilidad porque no hay que repetir la inversión inicial en terreno, energía y edificio. El problema es el orden de los factores: el dinero sale antes de que el centro esté listo para facturar, y eso presiona el flujo de caja en el corto plazo. Cuando los ingresos empiecen a crecer más rápido que la inversión incremental, asegura, los retornos serán muy atractivos.
Jassy dice que ya vio esta película en la primera etapa de la nube, solo que en cámara lenta. Afirma que los márgenes y retornos de la IA siguen la misma curva que el negocio tradicional de AWS en el mismo punto de su evolución, e incluso van un poco adelante. En Davos agregó otro argumento frente a quienes miran el crecimiento de Azure y Google Cloud: los porcentajes engañan porque, en dólares absolutos, AWS fue la que más creció, y por amplio margen.
El chip como arma de precios
La otra mitad de la estrategia está en el silicio. Jassy cuenta que aprendió la lección con Intel: cuando un proveedor domina el mercado, bajar el costo para los clientes no suele ser su prioridad. Por eso Amazon diseñó Graviton, su propio procesador, un 40% más eficiente en precio y rendimiento que los chips x86 líderes. Hoy lo usan de forma significativa nueve de cada diez de sus mil mayores clientes.
Con la IA aplica el mismo libreto, aunque aclara que mantendrá una sociedad profunda con Nvidia hasta donde puede prever. Trainium 2 está completamente vendido y ya es un negocio de miles de millones de dólares; Anthropic usa cientos de miles de esos chips para entrenar sus modelos. Trainium 3 mejora otro 40% sobre su antecesor. Bedrock, la plataforma de modelos de Amazon, ya funciona mayormente sobre chips propios. Para Jassy, quien construye un negocio de inferencia sin silicio propio queda en desventaja estratégica, tanto para bajar precios como para sostener márgenes.
También defiende sus propios modelos, la familia Nova. No necesitan estar en la frontera como los de Anthropic o Google, explica, sino darle a Amazon control sobre el costo, la velocidad de desarrollo y la latencia. Su tesis es que los clientes van a combinar distintos modelos según cada aplicación.
La teoría de la pesa
Jassy describe la adopción actual de la IA como una pesa de gimnasio. En un extremo están los laboratorios de IA, que consumen cantidades enormes de cómputo, junto con alguna aplicación que se disparó, como ChatGPT. En el otro están las empresas que usan la IA para ahorrar costos en atención al cliente o automatizar procesos.
El negocio grande, sostiene, está en el medio: las aplicaciones que las empresas ya tienen en producción y que todavía no usan inferencia. Cree que ese será el segmento más grande en términos absolutos y que esas cargas van a correr cerca de donde están los datos de cada compañía. Según él, la mayor parte de esos datos ya vive en AWS.
OpenAI, rival y socio
El comercio con agentes de IA es el frente donde Amazon se cruza con los laboratorios. OpenAI y otros quieren que la gente compre desde sus chatbots, y OpenAI anunció que entrará al negocio publicitario. Jassy se muestra optimista, pero marca límites. Los agentes de terceros no conocen el historial de compras del usuario y suelen equivocarse con precios y datos de productos. Para que funcione, dice, tiene que haber un intercambio de valor justo entre los agentes y los comercios. Mientras tanto, apuesta a Rufus, su asistente de compras, y recuerda que Amazon representa apenas el 1% del comercio minorista mundial.
La relación con OpenAI es ambigua. Amazon firmó recientemente un acuerdo significativo de nube con la empresa, y Jassy no comenta los rumores sobre una posible inversión. Se limita a decir que ambos equipos querían trabajar juntos y que espera profundizar la relación.
Menos capas, más dueños
Con alrededor de 1,6 millones de empleados, Amazon hizo recortes que el mercado atribuyó a la IA. Jassy lo niega. Dice que el crecimiento acelerado había multiplicado las capas de gerentes y quitado poder de decisión a quienes debían tenerlo, y que su objetivo es que Amazon funcione como la startup más grande del mundo.
Sobre el empleo a futuro, reconoce que la IA hará buena parte del trabajo en programación, atención al cliente, investigación y análisis, y que hasta armar una planilla de cálculo va a cambiar. Pero cree que esos puestos seguirán existiendo, que cada tarea arrancará desde un punto más avanzado y que aparecerán oficios nuevos.
En energía, otro cuello de botella global, recuerda que Amazon firmó acuerdos nucleares y fue el mayor comprador de energía renovable en cada uno de los últimos cinco años. Sobre el pedido de Donald Trump de que las tecnológicas generen su propia energía, dice que es temprano para evaluarlo, pero que la compañía siempre estuvo preparada. Y en su agenda con gobiernos fuera de Estados Unidos, advierte que parte de la regulación reciente termina perjudicando a los propios consumidores de esos países.
Más allá de la nube
La IA atraviesa también el resto del imperio. Amazon tiene el tercer negocio de supermercados de Estados Unidos, con 150.000 millones de dólares en ventas. Espera superar los 500 millones de entregas con drones antes de fin de la década. Y lanzó Kiro, un servicio de programación con agentes, además de agentes capaces de leer todo el código de una empresa y resolver por su cuenta la lista de errores pendientes. Para Jassy, es la tecnología más transformadora que verá en su vida.