Daniel Marx estuvo de los dos lados de la mesa de las finanzas argentinas: trabajó en bancos y también negoció la deuda externa en nombre del Estado. Fue director del Banco Central y, entre 1999 y 2001, secretario de Finanzas. Antes había participado en las negociaciones del Plan Brady.
También desarrolló una carrera en el sector privado. Dirige Quantum Finanzas, la consultora desde la que asesora a empresas y gobiernos, y desde 2024 preside Edenor. Antes trabajó en bancos, integró directorios en México y Perú y dio clases de Finanzas Internacionales en la Universidad de San Andrés.
Marx nació en Paysandú, Uruguay, en 1953, y estudió Economía en la UBA. Su paso por la función pública coincidió con dos momentos difíciles para el país: el salto de los precios a fines de los años 80 y el final del régimen de convertibilidad en 2001.
De la banca a la negociación de la deuda
Sus primeros trabajos fueron en el Banco Tornquist, a cargo de Tesorería y Planeamiento, y después en el Banco Río. Durante la presidencia de Raúl Alfonsín llegó al directorio del Banco Central, donde estuvo hasta 1988.
Entre 1989 y 1993 le tocó negociar con los acreedores de la Argentina como representante financiero especial. Durante ese período trabajó en el ingreso del país al Plan Brady, que permitió avanzar hacia un acuerdo sobre la deuda acumulada en los años 80.
Volvió a la función pública en diciembre de 1999, cuando Fernando de la Rúa lo puso al frente de la Secretaría de Finanzas. Desde ese puesto trabajó con tres ministros de Economía: José Luis Machinea, Ricardo López Murphy y Domingo Cavallo.
Participó en el blindaje financiero de 2000, un paquete de asistencia internacional de unos 40.000 millones de dólares, y en el megacanje de deuda. Renunció en diciembre de 2001, en medio de la crisis que terminó con la convertibilidad.
Su trayectoria privada incluyó Darby Overseas Investments, MBA Merchant Bankers, trabajos para el Banco Interamericano de Desarrollo y la creación de Quantum Finanzas. Años después, distintos gobiernos volvieron a consultarlo por la deuda, incluido el que llevó adelante la reestructuración de 2020.
Las condiciones para invertir y producir
Para Marx, lo que pasa con el dólar no puede separarse de las cuentas del Estado, la cantidad de dinero que circula o las reglas que afectan a la producción. Un cambio en cualquiera de esos frentes puede tener consecuencias sobre los demás.
A esa lista suma la gobernabilidad. Cuando hay mucha incertidumbre política, explica, a las personas y a las empresas les cuesta prever qué va a pasar. Una inversión puede postergarse, caer la confianza y aumentar la presión sobre la moneda.
Por eso desconfía de las soluciones que se presentan como suficientes por sí solas. Para que haya actividad, inversión y una inflación baja, sostiene, hacen falta varias condiciones al mismo tiempo.
Menos movimientos bruscos, pero con inflación
Al analizar la situación reciente, Marx encuentra una conducción más prudente del Banco Central. Observa menos volatilidad en las tasas de interés y en el tipo de cambio, además de una acumulación de reservas.
Aclara que el aumento de reservas fue menor al monto comprado por la entidad, porque también debió realizar pagos. Y advierte que una menor volatilidad no significa que las monedas permanezcan quietas: el dólar, recuerda, también cambia de valor frente al euro y a las monedas de países emergentes.
Aunque destaca que los precios suben menos que antes, Marx cree que la inflación todavía es alta. La sitúa en torno al 20 % anual y advierte que falta avanzar para reducirla.
Le preocupan las dificultades de pago que aparecen entre quienes tienen deudas con entidades financieras. También cuestiona algunas restricciones para operar con divisas que todavía permanecen: cree que pueden generar confusión al momento de decidir una inversión o buscar financiamiento.
Para Marx, los cambios en la economía no se sienten igual en todas partes. Hay empresas que encuentran nuevas oportunidades y otras que tienen dificultades para competir. La situación también varía según la provincia y los ingresos de cada familia.
Esas diferencias se reflejan en las inversiones y en el trabajo disponible. Por eso, Marx propone mirar más allá de los números generales y prestar atención a lo que pasa en cada actividad.
La deuda con el Fondo Monetario
Al hablar de la relación con el FMI, Marx precisa que observa las conversaciones desde afuera. Sus conclusiones se basan en lo que el organismo comunica y en los datos disponibles.
Según interpreta, el FMI reconoce que la Argentina tomó medidas para ordenar la economía, pero todavía mantiene cuestiones pendientes de discusión con el Gobierno. Eso, a su juicio, explica un ritmo más pausado de revisiones y desembolsos.
El tamaño de la deuda ocupa un lugar central en esa relación. Marx señala que la Argentina es el mayor deudor del Fondo por una diferencia considerable y que tendrá que definir cómo reducir ese compromiso.
También observa que el organismo considera favorables algunas condiciones externas, entre ellas los precios de exportación y las circunstancias climáticas. En ese contexto, entiende que el FMI busca conocer cómo se organizarán los pagos y cuándo empezará a disminuir el monto adeudado.
Marx propone mirar cuánto pesa esa deuda frente al tamaño de la economía, los ingresos del Estado y las demás obligaciones en moneda extranjera. También recuerda que el FMI tiene prioridad de cobro. Según dice, cualquiera de esas comparaciones muestra que el compromiso es alto.
Qué muestran las cuentas públicas
El economista reconoce que el Estado ordenó sus cuentas y hoy puede pagar sus gastos corrientes. Cree que en esa mejora influyeron tanto las decisiones tomadas en el país como las condiciones externas.
Al mismo tiempo, propone observar cómo se presentan los resultados. Explica que la Argentina utiliza una metodología de caja, que registra los ingresos y los pagos cuando se hacen efectivos. Es distinta del criterio de lo devengado, que reconoce las obligaciones aunque todavía no se hayan pagado.
También señala que el resultado primario no incluye ciertas contingencias y que la variación de la deuda no siempre coincide directamente con el resultado fiscal. Una de las razones es que algunos intereses se capitalizan y pasan a integrar el monto adeudado.
Por eso propone revisar de dónde sale cada cifra y cómo se relaciona con las demás antes de evaluar las finanzas públicas.
La posibilidad de volver a los mercados
Sobre un eventual regreso de la Argentina al mercado internacional de bonos, Marx ve argumentos a favor y en contra.
Por un lado, recuperar esa fuente de financiamiento podría contribuir a bajar el riesgo país. Menciona a Ecuador como un caso reciente para observar. Por otro, tomar deuda a tasas altas implica asumir pagos importantes en los años siguientes.
Su propuesta es avanzar de manera gradual. Considera que el país podría volver a tomar financiamiento en el mercado mientras reduce deuda por otras vías. Así, sostiene, podría desarrollar una fuente de recursos sin perder de vista los compromisos futuros.
Inversión, empleo e instituciones
A Marx le preocupa qué pasará con las empresas y el empleo mientras la economía se adapta a las nuevas condiciones. Ve oportunidades en el crecimiento de las actividades extractivas, aunque señala que otros países no lograron desarrollarse apoyándose únicamente en ese sector.
Cree que las empresas necesitan competir en igualdad de condiciones y confiar en las reglas antes de invertir, sobre todo cuando sus proyectos requieren poner dinero durante varios años.
Otra de sus preocupaciones son las instituciones. Marx observa que la economía argentina suele profundizar tanto las etapas de crecimiento como las de caída. Por eso propone estudiar cómo fortalecerlas para que ayuden a moderar esos vaivenes.
En el terreno político evita hacer pronósticos electorales. Considera legítimo que un gobierno busque continuar, pero plantea que un cambio de administración no debería llevar a descartar todas las políticas anteriores. Cree que hace falta discutir cuáles dieron resultado, cuáles necesitan ajustes y cuáles conviene cambiar.