El CEO de Schneider Electric es el socio industrial del mayor anuncio de inversión de Francia: 75.000 millones de dólares de SoftBank en centros de datos. Y aun así viene diciendo, en las cumbres del sector, que nadie está haciendo bien la cuenta de la energía que todo esto va a necesitar.
En una cumbre tecnológica en la India, después de días de charlas sobre cómo la inteligencia artificial iba a transformar todo, Olivier Blum subió al escenario y dijo lo que faltaba.
Contó que había aprendido mucho, que había conocido gente valiosa, pero que no había escuchado suficiente sobre energía ni sobre la necesidad de volverla mucho más inteligente si de verdad se pretende sostener lo que viene.
Viniendo de casi cualquier otro orador sería una obviedad de compromiso. Viniendo de él es otra cosa: Schneider Electric es una de las empresas que más gana con la construcción de centros de datos.
La cuenta que no cierra
El argumento que llevó a esa sala es numérico solamente.
Las proyecciones actuales estiman que el mundo necesitará unos 10.000 teravatios hora adicionales de electricidad entre 2024 y 2035, y otros 12.000 hasta 2050. Ese cálculo ya incluye el crecimiento de los autos eléctricos, las bombas de calor y buena parte de la electrificación industrial.
Blum muestra que esos escenarios no incluyen a la inteligencia artificial y es presión adicional sobre un sistema que ya viene ajustado.
Del lado de los centros de datos, la escala también crece rápido. Para 2030 se estima que habrá que sumar más de 200 gigavatios de capacidad, y cerca de la mitad estaría vinculada al avance de la inteligencia artificial.
80, 150, 1.000
La presión se entiende mejor mirando un dato técnico que uno macroeconómico, cuánta electricidad consume un rack, el armario donde se concentran los servidores de un centro de datos.
Hace apenas unos años, un rack consumía unos pocos kilovatios. Después pasó a diez, veinte o treinta, mientras que los que Schneider construye hoy en la India rondan los 80 y en Estados Unidos, con procesadores de Nvidia, ya llegan a 150. Blum cree que el próximo salto será mucho mayor y habla, junto con Nvidia, de entre 500 kilovatios y un megavatio por rack.
A esa altura no alcanza con poner más cables; también hay que rediseñar la arquitectura eléctrica entera, con corriente continua de 800 voltios como estándar emergente.
El tablero de tu casa
Su respuesta a ese problema no pasa por generar más, sino por consumir mejor. Y explica con un ejemplo doméstico.
En cualquier casa hay un tablero eléctrico y casi con seguridad no está conectado. Si lo estuviera, se podrían extraer datos, poner un agente de inteligencia artificial a administrar el consumo y ahorrar entre 10% y 30% de la electricidad. Él lo está probando en su propia casa y funciona bien, pero el dato que le da peso al ejemplo es como el consumo residencial siendo el mayor consumo de electricidad del mundo.
Detrás de esa posición hay una decisión que Schneider tomó hace una década. Después del Acuerdo de París de 2015, la compañía resolvió que todos sus productos debían poder conectarse y generar datos. Mientras buena parte del debate energético se concentraba en producir más energía limpia, Schneider eligió trabajar sobre el consumo y la eficiencia.
Blum reconoce que el proceso fue más difícil de lo que imaginaban, con resistencia de los operadores de red y de empresas que no estaban dispuestas a llevar sus datos a la nube. Y reconoce algo más incómodo: que la tecnología no estaba lista. Su balance, después de diez años, es que apenas rasparon la superficie.
Dunkerque
En el mayor anuncio de inversión reciente de Francia —75.000 millones de dólares de SoftBank en centros de datos en el norte del país, con una primera tranche de 45.000 millones hacia 2031—, Schneider quedó como socio industrial. Diseña y optimiza las instalaciones, y provee los equipos que van adentro.
La novedad concreta es una fábrica en Dunkerque, pegada al futuro centro de datos, para producir módulos prefabricados como bloques con todo integrado, que se instalan de una vez en lugar de armarse en obra. El objetivo es ganar tiempo.
Para tener una idea de la escala, toda Francia tenía 1,5 gigavatios instalados a fines de 2025, mientras que este proyecto prevé entre 3 y 5.
Blum explica por qué salió con una lista poco patriótica: hace falta un inversor, un territorio con terrenos y permisos rápidos, un gobierno que acompañe y energía descarbonizada disponible de inmediato. Sobre los permisos se permite una ironía, porque justamente Francia tiene fama de lo contrario.
Quien vende las palas
La pregunta obligada, en ese contexto, es si todo esto es una burbuja. Blum contesta siempre parecido y nunca con valuaciones.
Su primer argumento es de clientes: Schneider habla con los doscientos mayores actores del mundo, que le detallan sus planes a doce, veinticuatro y treinta y seis meses, y con esa información a la vista no ve una burbuja.
El segundo es sobre sí mismo, y es más interesante. Sostiene que su propia empresa consume hoy menos del 5% de lo que va a consumir en inteligencia artificial dentro de cinco años. Si el que fabrica la infraestructura todavía casi no la usa, razona, el ciclo recién arranca.
Como referencia, agrega que los centros de datos representan hoy alrededor del 1,5% de la energía mundial y van camino al 3%.
Lo que no está equilibrado
Conviene decir la otra parte.
Los centros de datos ya son cerca del 25% del negocio de Schneider y Blum responde que la compañía está balanceada, que crece fuerte en semiconductores, redes eléctricas e industria, y que su exposición geográfica es diversa. Pero admite que la concentración lo preocupa siempre.
Y hay un desequilibrio que no discute y, cuando un periodista le puso sobre la mesa que su crecimiento en sistemas de manufactura para inteligencia artificial en Estados Unidos apunta a unos 700 millones de dólares hacia 2027 contra apenas 110 millones en Europa, no corrigió las cifras. Reorientó la respuesta diciendo que Europa empezó a moverse y Francia es el ejemplo, hacen falta muchos más proyectos como el de Dunkerque.
Veinte años
Hay una simetría que le gusta contar y que ordena todo lo anterior.
Blum llegó a la India en 2007, nombrado como director de Schneider en ese país, y lo que encontró fue una economía cuyo principal problema era el acceso a energía eléctrica confiable.
Casi veinte años después, ya como CEO global, sostiene que ese problema dejó de ser exclusivo de la India y hoy alcanza a todo el mundo, incluso a Estados Unidos. Y advierte que la verdadera demanda energética de la inteligencia artificial todavía está por venir.