Mike Wirth

Mike Wirth ingresó a Chevron como ingeniero en 1982 y dirige la compañía desde 2018, en una etapa marcada por récords de producción y la expansión hacia el suministro eléctrico para centros de datos.
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El ingeniero de Colorado que entró a Chevron a los 21 años y nunca trabajó en otro lado; hoy conduce la petrolera en su año de producción récord, una retirada forzada de Venezuela y una apuesta nueva a venderle electricidad a los centros de datos.

Sentado en la caja de una camioneta y en una estación de servicio de Houston, al máximo ejecutivo de Chevron le preguntaron cuándo entendió por primera vez que la energía importaba.

No contestó con una cifra, pero sí con una tormenta.

Cuando era chico, en Colorado, un temporal de invierno derribó las líneas eléctricas y dejó a su familia varios días sin luz. La escuela cerró, la comida de la heladera empezó a echarse a perder y, cuando oscurecía, prácticamente se terminaba el día. Quemaban leña y pasaban horas alrededor del fuego, envueltos en mantas.

Lo recuerda al pasar. El primer día pudo parecer una aventura, pero la novedad duró poco. Después, dice, dejó de ser divertido.

Denver

Mike Wirth nació en octubre de 1960 y se crió en las afueras de Denver. Jugó al básquet en la secundaria, estudió ingeniería química en la Universidad de Colorado y se recibió en 1982.

Ese mismo año entró a Chevron como ingeniero de diseño y nunca trabajó para nadie más.

Pasó por ingeniería, construcción y operaciones y, en 2001, lo mandaron a Singapur a manejar la comercialización para Asia, Medio Oriente y África. Entre 2003 y 2006 dirigió el suministro y comercio globales, y después pasó casi una década en refinación y químicos. En 2016 tomó transporte y desarrollo, en 2017 fue vicepresidente del directorio y en febrero de 2018 asumió como presidente y CEO.

Le tomó treinta y seis años llegar.

Le preguntan por los autos eléctricos y, evitando el tema, se va directo a los números, empezando por la densidad energética.

Los hidrocarburos líquidos concentran mucha energía en poco peso y se transportan fácil. Las baterías son portátiles, pero pesadas, y ese peso es costo. Funcionan en autos de pasajeros, que hacen trayectos cortos y vuelven a cargar. En los camiones de larga distancia, en cambio, no cierran: las baterías necesarias pesarían tanto que dejarían muy poco margen para transportar carga. Con aviones y barcos pasa lo mismo.

De ahí sale su lema: las leyes de la física, la termodinámica y la economía son tercas e inmutables, y no se les gana. No cree que haya una fuente capaz de resolver por sí sola el problema energético. El gas sigue siendo fundamental para producir fertilizantes y funciona bien para generar electricidad. La energía solar y la eólica requieren una inversión inicial alta, aunque después operan con un recurso gratuito, pero dependen del clima. La nuclear ofrece generación constante, aunque construir una central es caro, lleva años y, en Estados Unidos, arrastra además una regulación compleja.

Por eso, cuando le piden elegir una tecnología, no elige una: para él, cada una resuelve una parte distinta del problema.

El precio de hoy no manda

Cuando el crudo cayó a la zona de los 60 dólares, señaló dos causas: el temor a una menor demanda por la guerra comercial y el regreso más rápido de producción por parte de la OPEP y sus aliados. Y marcó una diferencia importante: por entonces, el movimiento respondía más a expectativas que a datos duros.

Su defensa es estructural: menos deuda de la que la compañía cargó históricamente, calificación crediticia alta, mil millones de dólares menos de inversión al entrar en 2025 y un plan de reducción de costos de dos a tres mil millones a dos años.

Insiste en que no se mueve con el precio del día. El capital que despliega su industria se queda trabajando durante décadas.

El último ejercicio le dio la razón: flujo de caja libre ajustado 35% arriba, aun con el crudo 15% más barato, récord de producción mundial y estadounidense, el mayor volumen refinado en Estados Unidos desde los años noventa y 27.000 millones de dólares devueltos a los accionistas. El dividendo subió por trigésimo noveno año consecutivo.

Salir de Venezuela

La administración estadounidense le ordenó retirarse.

Wirth pone dos cosas por delante de cualquier otra discusión: la seguridad de la gente y el cuidado del ambiente. A partir de ahí explica la posición de Chevron. La compañía ya atravesó sanciones bajo tres administraciones distintas y mantiene un diálogo permanente con el Tesoro para entender qué busca cada medida y advertir sobre posibles consecuencias. Mientras tanto, sigue operando en el país como la última gran empresa estadounidense, en un terreno donde avanzan compañías chinas y rusas.

Su tesis: a Estados Unidos le conviene mantener presencia ahí, entre otras cosas porque sus propias refinerías necesitan ese crudo.

Lo dice con cuidado, pero es una salida que no eligió.

El parque que no toca la red

La apuesta nueva podría redefinir el negocio.

Chevron está hablando con todas las grandes tecnológicas por suministro eléctrico. El proyecto concreto está en el oeste de Texas y es un parque energético hecho a medida, alimentado a gas, deliberadamente desconectado de la red para no empujar las tarifas de los consumidores y escalado en paralelo al crecimiento de los centros de datos.

El proyecto ya empezó a tomar forma. El terreno está definido, las siete turbinas tienen fecha de entrega y los permisos y la ingeniería ya están en marcha.

Lo que todavía no cerró

Conviene decirlo, y es que nada de eso está firmado. Hay conversaciones con las mayores compañías del mundo, hay turbinas compradas y hay un terreno en trámite, pero por ahora no hay contrato anunciado. Wirth aconseja esperar novedades más adelante en el año.

Y hay una tensión que no resuelve: sostiene que apenas están rascando la superficie de lo que la inteligencia artificial puede hacer por la eficiencia de sus activos y, al mismo tiempo, se prepara para venderle energía a esa misma industria. Si el impulso de la IA se desacelera, ambos negocios van a perder empuje al mismo tiempo.

La historia es el marco que más usa para entender lo que pasa hoy.

Invita a mirar 1850, cuando la mayor parte del día se iba en conseguir comida y combustible para pasar la noche, la agricultura se hacía con músculo humano y animal y casi todo el esfuerzo era supervivencia. Que hoy alguien pueda correr autos, volar aviones o hacer películas se debe, en su lectura, a que dejamos de dedicar el día entero a llegar al siguiente.

De ahí sale su pendiente: miles de millones de personas todavía no tienen electricidad confiable ni combustibles limpios para cocinar.

Es el mismo argumento del chico de Colorado, tapado con mantas frente al fuego. Y ahí entendió que la energía funciona, no se ve.

Olivier Blum

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